Del escrache a Carmena al abrazo de la bandera gay con Errejón

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MadridActualizado:

Las jornadas de los políticos durante la campaña electoral siempre son frenéticas, pero hay algunas, como la de ayer, en la que Manuela Carmena condensó todos los estados de ánimo que puede vivir un aspirante a alcalde: de recibir un escrache por parte de los activistas antidesahucios por la mañana en Moratalaz, pasó a darse un baño de masas en una famosa discoteca de la capital con la comunidad LGTBI. A quienes la criticaron les pidió «un poquitín de silencio» y a quienes la jalearon les concedió su deseo: besó en la boca a Íñigo Errejón.

Pero para llegar al final dulce del día tuvo que pasar por un momento más agrio. En menor medida, pero Carmena padeció ayer una situación similar a la de los candidatos al Ayuntamiento de PP y Cs durante su visita a la Pradera de San Isidro el día anterior. Antes de saber que a ella también la esperaban decenas de personas con pancartas, la exjuez condenó el acoso y la persecución a Begoña Villacís, embarazada de casi nueve meses, y a José Luis Martínez-Almeida. «Son situaciones que en absoluto son aceptables», afirmó sin saber lo que ocurriría minutos más tarde.

Los simpatizantes de la regidora trataron de tapar con «vivas» y «aplausos» los lemas de los activistas, pero ella, micrófono en mano, quiso atajar una situación que incomoda, más si cabe, a quien se erige como una líder de la izquierda que llevaba en su programa acabar con los desahucios. «Los que estáis aquí os voy a pedir por favor un poquitín de silencio. He hablado con vuestros representantes en muchas ocasiones, se que estáis disconformes con muchas cosas de este Gobierno, seguiremos hablando, pero como buenos demócratas que también lo sois, os pido es que nos dejéis celebrar este acto», reclamó la regidora, sin que su oferta tuviese muy buena acogida.

Segunda juventud

Un escenario radicalmente opuesto es el que se encontró Carmena por la noche, en Medias Puri. El local de moda de la noche madrileña estaba repleto de fervorosos seguidores de Más Madrid, que pagaron 5 euros de entrada, destinados a financiar la campaña. Carmena y Errejón surcaron un gigante arcoíris, extasiados, ante un público volcado con la alcaldesa, que pedía a gritos, como en las bodas, que se besasen. Y lo hicieron, dejando ojipláticos a los maestros de ceremonias de la fiesta Bob Pop, Elsa Ruiz y la «drac queen» La Plexy. «¿Si Carmena hace magdalenas no es un poco bollera?», preguntó con sorna Ruiz. Y, sin pensarlo, Carmena entró al trapo: «La bollería tiene muchísima importancia porque es dulzura, es algo de lo que se te llena la boca de felicidad».

Bromas a parte, Carmena no quiso dejar pasar la oportunidad de arremeter contra Vox, de nuevo, sin nombrarlo. «En Madrid cabe siempre todo el mundo, nosotros abrazamos, nosotros nos abrimos, nosotros queremos, no descalificamos a nadie», reivindicó la alcaldesa, que pidió al auditorio que convencieran a todo el que pudiesen para votar a Más Madrid. « Orgullo ni en la Casa de Campo ni en el armario, en el centro celebrando a Madrid», clamó un Errejón, una vez más, eclipsado por una Carmena desatada.

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