En Turquía, como en México, crece desprotección de las mujeres

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18 de Julio de 2020

Acabamos de saber que, con la justificación de la austeridad republicana, el gobierno de la 4T ha quitado 150 millones de pesos al presupuesto operativo de Inmujeres. Por lo visto, no fue suficiente con el cierre de las estancias infantiles y la reducción de los recursos para los refugios de mujeres víctimas de violencia familiar ordenados desde el principio del sexenio, sino que ahora, aun con el riesgo creciente que se vive en los hogares como resultado del confinamiento impuesto por la pandemia, siguen los recortes draconianos en ese rubro, como si las cifras de diez feminicidios diarios en nuestro país fueran asunto menor.

El dinero se requiere para enfrentar la pandemia, nos dicen, pero resulta por demás indignante que los grandes proyectos de dudosa utilidad, impulsados por esta administración, se mantengan intocados, mientras se menoscaba con tal desparpajo la protección a las vidas mismas de las mexicanas y también las de sus hijos.

Al parecer, esta criminal negligencia no es sólo patrimonio de nuestro gobierno. Hay naciones, como Turquía, donde se registra un fenómeno similar, aun cuando las justificaciones para ello sean de naturaleza distinta. Ahí no se trata de ahorrar recursos para desviarlos hacia fines electoreros, sino que, simplemente, el conservadurismo de raíz islámica ha cobrado cada vez más fuerza y presencia, con lo cual se afianza la tendencia a regresar a las mujeres a su rol tradicional de sumisión absoluta al poder patriarcal. Y para ese propósito estorba mucho, sin duda, que existan leyes u organismos dedicados a proteger a las mujeres y a castigar a los machos violentos y abusadores.

La historia de lo que ocurre hoy en Turquía se remonta a 2011, cuando el gobierno turco firmó la Convención de Estambul. Se trataba de un acuerdo, patrocinado por el Consejo Europeo, cuyo propósito declarado era prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. De hecho, Turquía fue el primer país que lo firmó, con el compromiso de poner en práctica toda una serie de medidas, entre las que se contaba entrenar a policías y funcionarios judiciales en esos temas, así como trabajar en colaboración con organizaciones no gubernamentales.

Pero resulta que desde el pasado 2 de julio se han alzado distintas voces de altos miembros del AKP, el partido gobernante encabezado por el premier Erdogan, las cuales anuncian la necesidad de retirarse del acuerdo.

Numan Kurtulmus, vicepresidente del partido, declaró en una entrevista por televisión que haber firmado ese acuerdo había sido un error, por lo que el gobierno estaba considerando retirarse de él, pues “ha jugado a favor de la comunidad LGBT y de elementos marginales”.

De inmediato hubo reacciones indignadas a tal iniciativa. En contra se manifestó no solamente la importante organización feminista El techo morado, también lo hicieron mujeres miembros del propio AKP, quienes dieron la señal de alarma al considerar que ahora más que nunca, con las consecuencias de la creciente violencia doméstica derivada del confinamiento por la pandemia, resulta una barbaridad tomar ese camino.

Al respecto, la periodista e investigadora Burcu Karakas tuitió: “¿Por qué molestarse con declaraciones oficiales respecto al abandono del acuerdo y no decir simple y llanamente que lo que quieren es casarse con niñas menores de edad y golpear a las mujeres?”.

Hasta ahora, el presidente Erdogan no se ha manifestado al respecto y se dice que tiene presiones encontradas desde ambas partes de esta ecuación. Por un lado, está la Congregación Ismailaga, robusto grupo conservador que pugna por el abandono del acuerdo, y por el otro, se hallan la esposa y la hija de Erdogan, de nombre Sümeyye, quienes han sido desde siempre favorables a que los compromisos de la Convención de Estambul se sigan respetando. Así que, por lo pronto, es incierto qué bando ganará la partida en este tema.

Volviendo a México, cabe especular acerca de lo ideal que sería que alguna presencia femenina cercana al presidente Andrés Manuel López Obrador lograra convencerlo de que seguir escamoteando recursos para la necesaria protección de las mujeres resulta en los hechos no sólo una política eminentemente conservadora y retrógrada, sino también, y más grave aún, una lamentable complicidad con los verdugos.

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