‘Identidad borrada’ visibiliza con sensibilidad el horror de las terapias de conversión

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El estreno de ‘Identidad borrada’ en España llega tan solo unos días después del escándalo en el que se ha visto involucrado el obispado de Alcalá, donde se practicaban terapias ilegales para “curar” la homosexualidad y “emprender una nueva masculinidad”. Los dolorosos testimonios de las víctimas bien podrían hacerlos protagonistas de la película de Joel Edgerton, que está inspirada en la novela de Garrald Conley en la que narraba su propia experiencia en un centro de terapia de conversión. Él era hijo del predicador de una pequeña iglesia, y al contarles a sus padres a los 19 años que era gay, lo mandaron a un programa apoyado por la iglesia para “curarle”, y en caso de no asistir, sería rechazado por su familia y amigos. Esto sucedió en 2004.

Hay numerosas películas -especialmente en la actualidad- que han retratado y denunciado el horror de los centros de conversión de diversas maneras. Desde la comedia en tono satírico en la encantadora ‘But I’m a Cheerleader’ a las más recientes y dramáticas ‘La (des)educación de Cameron Post’ (ganadora en Sundance el año pasado) y ‘Temblores’ (nueva película de Jayro Bustamante, director de la estupenda ‘Ixcanul’). Quizá se deba a que durante mucho tiempo se ha pensado que estas aberraciones no existían, o si lo hacían era solo en poblaciones remotas -cuando es probable que a día de hoy estén pasando en tu propia ciudad-, por lo que surge la necesidad de visibilizar un problema gravísimo que consiste, literalmente, en anular la identidad de una persona.

Llama la atención que una obra como la que nos ocupa haya pasado totalmente inadvertida en el circuito de premios de Hollywood, ya que es un drama familiar con conflicto social de por medio (una temática muy del gusto académico), con buena factura técnica y actores de renombre como el prometedor Lucas Hedges –que debería haber aspirado a todos los premios del pasado año-, Nicole Kidman, Russell Crowe e incluso iconos LGBT actuales como Xavier Dolan o Troye Sivan en pequeños papeles. Es posible que se deba a que ‘Identidad borrada’ está lejos de ser una película amable. Su visionado genera un estado angustioso gracias al que es su mayor acierto: crear un clima psicológico a través de la desoladora mirada del protagonista. La represión, la culpa o la presión familiar subyacen en cada uno de sus gestos.

Edgerton dirige con sensibilidad evitando caer en el telefilm de sobremesa pese a que el material se prestaba a ello, e incluso toma el riesgo de filmar una de las escenas más impactantes de la película en plano secuencia con la cámara fija. La fotografía, aparentemente simple, a cargo de Eduard Grau (‘Un hombre soltero’), se caracteriza por el uso de una paleta de colores marrones que ayuda mucho a transmitir la tristeza de lo que relata. Como también lo hace la delicada y ecléctica música de Saunder Jurriaans y Danny Bensi (‘El regalo’, ‘La autopsia de Jane Doe’) o las canciones ‘Who Are You Thinking Of?’ de Jónsi y ‘Revelation’, también de él y Troye Sivan . En un principio, Jonny Greenwood iba a ser el encargado de la banda sonora, pero se cayó del proyecto antes de comenzar.

El valor de la cinta consiste principalmente en narrar de forma potente y con realismo el calvario de las personas que son sometidas a las terapias. Incluso si la narración en ocasiones resulta caótica, la fuerza de su mensaje permanece en cada segundo de metraje. Es cierto que cinematográficamente no ofrece nada novedoso, pero es una película digna, y que, sobre todo, nos recuerda que estas cosas han pasado y siguen pasando, ya sea en Arkansas o en Alcalá. 7

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