Melanie Martínez crea en ‘K-12’ un mundo infantil tan ambicioso y siniestro como demasiado obvio

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Este jueves se ha estrenado en cines de toda España y de todo el mundo ‘K-12’, la nueva película de Melanie Martinez que pone imágenes a todas las canciones incluidas en su nuevo disco, igualmente titulado y que ha llegado al mercado este mismo viernes. ‘K-12’ es la continuación del álbum debut de Martinez, el conceptual ‘Cry Baby‘, en el que la niña “llorona” ha crecido y es ahora una adolescente. Ambiciosa como pocas artistas hoy en día, Melanie ha querido contar esta nueva historia nada menos que a través de una película de 1 hora y media en la que ha trabajado durante cuatro años, algo evidente en un primer visionado de la cinta pues en ella todo parece cuidado absolutamente al milímetro. Aunque esto no siempre sea para bien.

En el fondo, ‘K-12’ no deja de ser una “prom movie” clásica protagonizada por un grupo de adolescentes que viven las primeras experiencias de la juventud durante su etapa de instituto; y la película de hecho culmina con el baile de fin de curso de rigor. Aunque ‘K-12’ no es paran nada una “prom-movie” convencional, como Melanie Martínez tampoco es una estrella del pop convencional. Desde su debut, la neoyorquina ha creado un mundo propio estéticamente ligado al infantil, un mundo que la cantante sin embargo ha utilizado, a modo de metáfora, para contarnos historias más adultas, en ocasiones oscuras e incluso perturbadoras. Y el formato cinematográfico permite a Martínez desarrollar este mundo de golosinas y colores pastel visualmente de manera realmente ambiciosa y lograda. En ‘K-12’, los anacrónicos estilismos, propios de la época de Versalles, son poco menos que espectaculares; los escenarios siempre están muy trabajados y, a lo largo de la cinta, la artista no se corta un pelo en usar un sinfín de efectos especiales que en algunos casos son directamente absurdos. Es su manera de decirnos: no os toméis todo esto tan serio.

Como ya sucedía en ‘Cry Baby’, el mundo infantil creado por Martinez en ‘K-12’, rodada en Budapest, es inquietante desde el segundo cero, pero en este caso es incluso más surrealista dados algunos efectos especiales usados, ciertas escenas (el chaval que devora pegamento) o el hecho que las protagonistas poseen superpoderes. La principal, Crybaby, así como su mejor amiga y cómplice, Angelita, pueden literalmente manipular los elementos o ejercer una fuerza sobrehumana sobre sus enemigos. Y no dudan en usarlos por momentos de maneras bastante sádicas, pues Crybaby y Angelita son tan dulces y adorables en apariencia (y la apariencia es un tema central en la película) como capaces de cometer brutales asesinatos. Esta dicotomía entre lo infantil y lo sádico es el motor que mueve las canciones de Martinez y también toda la película, aunque visualmente siempre prima lo infantil. De hecho, la película es tan pastel incluso cuando una persona es descuartizada durante una de las escenas que, como espectador, llegas a dudar de si realmente eres el target. Y cuanto más se desarrolla la cinta y más va desenredando todos los temas que aborda (que no son pocos) más te das cuenta de que ‘K-12’ es una película dirigida sobre todo a un público adolescente.

No hay nada de malo en una película adolescente, pero la obsesión de Martinez con lo infantil probablemente no le ha permitido hacer una cinta más transversal. Y es que todos los temas están presentados con una brocha tan gorda que por momentos parecen sacados de un guion de Dora La Exploradora. Son temas importantes y Martinez no se deja nada en el tintero: tanto las escenas narradas como las musicales nos hablan de feminismo, de bullying, derechos LGBT o de masculinidad tóxica, mientras el guion se centra especialmente en los problemas que vive una mujer adolescente media durante su juventud, y ahí atendemos a temas como la menstruación, la transformación del cuerpo femenino y el interés que este, por tanto, suscita en los hombres; la bulimia, la aceptación de una misma o la normalización de la bisexualidad. Y como Martinez es la protagonista tampoco deja de hablar sobre la fama, en concreto sobre la transformación de los artistas en productos de consumo para las masas. Sin embargo, la sutileza se pierde por el camino en todas las escenas de la cinta y lo que queda en ella es un “greatest hits” de lecciones sobre la vida impartidas por Melanie que a veces resultan tan juveniles y blandas como la propia estética de la película.

En este sentido, sí, el guion de ‘K-12’, tanto como su componente visual, está mimadísimo y pensadísimo… pero tampoco deja nada a la imaginación. La película no busca hacer reflexionar al espectador sino directamente emitir juicios desde una posición de superioridad moral que, por razonables que estos juicios sean, no pueden evitar tratar a la persona sentada en el cine con cierta condescendencia. Por supuesto que hay que hablar sobre la importancia de que los hombres expresen sus sentimientos, por supuesto que los tampones deberían ser gratis, por supuesto que hay que visibilizar el acoso escolar y los problemas mentales y por supuesto que la marihuana debe ser reivindicada por sus poderes medicinales, pero Martinez plantea todas estas cuestiones como verdades absolutas que no consienten ningún matiz o interrogatorio por parte del espectador. ¿Y no es mejor una película cuando interactúa indirectamente u establece un diálogo con la persona que la está viendo? Sin embargo, insisto: ‘K-12’ es una obra entretenida, visualmente es una absoluta chuchería y esto tampoco puede pasarse por alto. En este sentido y sobre todo si eres el público ideal, ‘K-12’ es un visionado recomendado. De la música en concreto hablaremos en la crítica del disco que publicaremos próximamente. 7,5

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